¿Cuándo (y cómo) hablar de sexualidad a los hijos?

¿Cuándo (y cómo) hablar de sexualidad a los hijos?

Publicado el 07/11/2019
Equipo Editorial HN


Esta pregunta, no quiero agobiar, pero nos llega a todos. Y dado que mi argumento es inamovible (estaba bajo una col que trajo la cigüeña cuando papá y mamá bailaron juntos en la boda, ¿a que sí?) he pedido ayuda a alguien que de nacimientos y de niños sabe más que yo.

Rachele Sagramoso (ginecóloga y muy buena, para quien no la conozca) tiene la palabra.

– Los niños siempre hacen muchas preguntas, incluso de bien pequeños. Pero la mía es: ¿hay una edad adecuada para contar las cosas? ¿Hay riesgo de que antes de cierta edad sean muy pequeños o queden traumatizados?

Ante todo, ¡gracias por la confianza! Espero estar a la altura de las expectativas. Usaré el género masculino en general, hablando de niños, entendiendo, si no digo lo contrario, a ambos sexos.

No existe una “edad” en la que sea fundamental empezar a hablar de sexualidad (o sea, de lo que es inherente al sexo, sea masculino o femenino, y la relación entre ellos), pero siempre es posible responder usando las palabras idóneas para la edad del niño, sabiendo qué términos utiliza, respetando sus etapas: para ello, cada padre sabrá encontrar su momento y sus palabras, y el único esfuerzo del padre será ponerse en la piel del niño – naturalmente – y “repasar” algunas nociones de la norma biológica. Por ejemplo, para un niño de 4 años, hablar de ‘útero’ es demasiado, pero hablar de ‘cuna’ donde el bebé crece en la barriga, no es complicado.

Al contrario, para una niña de 6/7 años que hace preguntas muy claras sobre el ciclo menstrual, no es complicado explicarle (por ejemplo si entra en el baño cuando mamá o las hermanas se cambian la compresa higiénica) que es el signo de pertenencia al ‘mágico mundo de las mujeres’. En resumen, cada papá y mamá pueden encontrar maneras y palabras adecuadas, teniendo en cuenta que las palabras se pueden suavizar o simplificar, pero que los conceptos que dan sobre la fisiología y anatomía humanas, sean indiscutibles.

No soy psicóloga, pero creo que si la intención del padre es responder a las preguntas de su hijo o empezar a hablarle del tema (basta con citar el tema y ver si le interesa, según la edad), por supuesto con el máximo respeto y pudor, no causará un trauma, como sí sucedería si el niño recibiera información de fuera del círculo familiar, quizás información no pedida y no pertinente con el tipo de relación con el adulto que se la proporciona.

– Cuando son muy muy pequeños, ¿mejor contar la verdad científica o usar el típico recurso de la cigüeña y la col?

Partiendo de que las coles están riquísimas en el guisado y de que las cigüeñas son animales majestuosos que respetar, no encuentro inútil que se usen en contextos sexuales. Cada familia tiene sus propias palabras para referirse a los órganos genitales. Lo importante es que no se falseen las funciones de estos órganos sexuales.

– ¿Cuándo es bueno empezar a hablar de contracepción, enfermedades, masturbación y de todos los argumentos colaterales? ¿Mejor esperar a que ellos pregunten, o adelantarse?

Empecemos con un concepto: la contracepción es un término negativo. Es ‘contra’ alguien (el potencial niño), presupone el hecho de que la fertilidad sea una cosa que hay que curar con medicinas, y es una forma de acostumbrarse en confiar en la medicina o en el método contraceptivo.

Hay que empezar a hablar de fertilidad y de conciencia. Y hay que introducir el concepto de amor ligado íntimamente al de la sexualidad. Nuestro cuerpo maravilloso está hecho para amar. Y el amor es generador (también el adoptivo lo es). Dos personas, un hombre y una mujer, que se aman, están hechos para abrirse a la vida, trayendo al mundo niños a los que querer: la fisiología ante todo.

Si un niño crece sabiendo el hecho de que una relación entre hombre y mujer tiene que basarse en el amor y el respeto, si aprende que las mujeres son así para acoger la vida y alimentarla (en el vientre, con el seno) y es consciente de que el papá está ahí para dar la vida y para protegerla cuando nace, no hay mucho más que explicar, pues todas las competencias que se puedan adquirir partiendo de estos conceptos, transmiten la importancia de la relación y de la fisiología.

Para los padres, quiero subrayarlo, es importante conocer su propia fisiología. Afirmar que existe la contracepción, ensombrece la belleza de la fertilidad que, como todas las cosas humanas, hay que conocer y puede abrir – para los propios adultos – escenarios de aprendizaje y armonía muy profundos, en la relación de pareja. La fertilidad es un aspecto normalísimo de la relación entre hombres y mujeres, y hablar de ello introduce conceptos como libertad/responsabilidad, derecho/deber, castidad, respeto y pudor.

La masturbación es ciertamente un tema, pero yo no le daría mucho peso, si no es para responder a preguntas precisas (a menudo vinculadas a los numerosos daños de la pornografía). Todos los seres humanos tienden a la búsqueda del placer y de la felicidad, pero cuando esa búsqueda aísla a la persona y la priva del deseo de relacionarse con los demás, es un límite que la lleva a un egocentrismo que puede ser, a la larga, incluso patológico. El placer que da la sexualidad está concebido biológicamente para que sea un elemento de fuerza en una relación de amor, de lo contrario es explotación del cuerpo de otro para satisfacción personal.

En lo que respecta a la transmisión de enfermedades e infecciones de transmisión sexual, creo que es importante recordar tanto los daños en el aparato reproductor (especialmente los femeninos), como en la garganta (por desgracia). Son argumentos en los que es fundamental dar buena información (adquirible gracias a textos muy sencillos) e intentar permanecer libres de ideologías. La franqueza y la claridad son necesarias, en estos casos.

Una de las maneras de hablar de estos temas – cuando se considera que los niños tienen que saber, y esto depende de la relación padre-hijo – es la de introducir el principio clave de ver a la persona humana en su integridad, formada por un cuerpo, una mente y – si son ustedes valientes – un alma.

Lo que el cuerpo vive, se transmite a la mente y al revés (¿cuántos de nosotros no tuvimos gastritis cuando llegaban los exámenes?), por tanto todo acto realizado con nuestro cuerpo repercutirá en la salud de nuestra mente. Y si esta acción afecta a otra persona y su salud, también se es responsable de ello. Y si esa acción implica no sólo a otra persona, sino también a una pequeña persona que potencialmente puede verse implicada sin pedirlo (un niño), es un gran problema que implica el hecho de ser muy cuidadoso y responsable.

La responsabilidad, en contraposición con la libertad y consecuencia de esta, es un argumento que implica mucho a toda la familia. La preciosidad del cuerpo debe ser un concepto claro e inequívoco.

– ¿Tienes algún consejo para hablar del tema sin vergüenza y sin que se instauren tabúes?

Personalmente pienso – pero cada familia tiene su propio ritmo – que cuando los niños tienen acceso a internet, hay que advertirles del mundo de la explotación del cuerpo humano (y todo lo que tiene que ver con la preciosidad del cuerpo en función del amor y de la belleza) y, con calma, a todo lo que tiene que ver con el respeto del cuerpo.

Seguramente hay fases en las que es necesario intervenir tajantemente, especialmente cuando un hijo puede entrar en contacto con imágenes o discursos turbadores. Personalmente desaconsejo cualquier uso de la tecnología antes de los catorce años, y no dejo que mis hijos la usen con los compañeros: les he explicado los peligros de la web y, volviendo al pudor personal, les digo a menudo que nadie está obligado a hablar de temas que considera molestos, de temas relacionados con el cuerpo y la sexualidad, y que nadie debe mostrar o pedir fotos.

En lo que respecta a la masturbación, y al estímulo de esta (sobre todo a la pornografía) he tenido que explicar muchas veces los mecanismos de la dependencia – parecidos a los de las drogas – remitiéndome a todo lo que existe en el mundo de nocivo para la salud.

En lo que respecta a la fertilidad (no a la contracepción), he introducido el argumento hablando de los derechos de los niños de nacer en el seno de una familia que les acoja y eduque y que, por tanto, todo gesto que se realice sobre los órganos genitales, debe presuponer que estos estén sanos y funcionen (por tanto, sean fértiles) y que permanezcan así para cumplir su función.

El hecho de que la naturaleza haya predispuesto un tiempo reducidísimo al mes para la fertilidad femenina, nos da a entender que se puede evitar conscientemente la concepción, y que esta “ventana fértil” existe precisamente para que los niños puedan ser acogidos conscientemente. A menudo uso este argumento, cuando se me ha pedido que hable del aborto y de que es una decisión muy triste tanto para la mujer como para el hombre, con consecuencias muy serias desde el punto de vista mental y espiritual.

Las primeras veces que he hablado de las enfermedades de transmisión sexual, lo pude hacer gracias a los videos que se encuentran buscando al conferencista Jason Evert (fundador de la asociación Chastity) y su testo, muy sencillo pero impactante, “La experiencia del amor”.