Francisco: “Que la oración de los cristianos sea el aliento de la Iglesia”

Francisco: “Que la oración de los cristianos sea el aliento de la Iglesia”

Publicado el 05/11/2019
Equipo Editorial HN


En un escrito inédito, Francisco enfatiza el papel de la oración en la vida cristiana. El texto, del que el periódico Avvenire ha publicado un extracto, está contenido en el volumen «La Oración, el aliento de la vida nueva», publicado hoy por la Librería Editorial Vaticana. 

Es uno de los dos libros del Papa Francisco que son publicados este jueves 24 de octubre. Se trata de «La Oración, el aliento de la vida nueva», un volumen que contiene discursos del Santo Padre acerca de este rasgo esencial de la vida cristiana, en particular sobre la plegaria del «Padre Nuestro». Pero el texto, además, incluye novedades, ya que posee material inédito escrito por el Pontífice especialmente para esta edición.

Esta obra – presentada en la Feria Internacional del Libro de Fráncfort- se difundirá a partir de este jueves en Italia y Francia con un prefacio del Patriarca de Moscú, Kirill. Hoy, también sale a circulación acerca de la defensa del medioambiente y la promoción de una vida digna para cada ser humano.

Ofrecemosa continuación un extracto del texto inédito del libro del Papa Francisco,«La Oración. El aliento de la vida nueva».

El aliento de la vida nueva*

*Texto inédito del Papa Francisco

El bautismo es el comienzo de la vida nueva. Pero, ¿qué significa vida nueva?

La vidanueva del bautismo no es nueva como cuando cambiamos de trabajo o nos mudamos aotra ciudad y decimos: Comencé una vida nueva. En estos casos, por supuesto, lavida cambia, tal vez mucho, es diferente de la anterior: mejor o peor, másinteresante o agotadora, según el caso. Las condiciones, el contexto, loscompañeros de trabajo, los conocidos, tal vez incluso las amistades, la casa,el salario, son diferentes. Pero no es una vida nueva, es la misma vida quecontinúa.

La vidanueva del bautismo también es diferente del vivir un cambio radical de nuestrossentimientos por un enamoramiento o una desilusión, una enfermedad, unimprevisto importante.

Cosascomo estas pueden ocurrirnos como un terremoto, tanto interior comoexteriormente: pueden cambiar los valores, las opciones de fondo: afectos,trabajo, salud, servicio a los demás… Tal vez, primero se pensaba en unacarrera, pero luego se empieza a hacer un trabajo voluntario, ¡incluso a hacerde la propia vida un don para los demás! Primero no se pensaba en construir unafamilia, y luego se experimenta la belleza del amor conyugal y familiar.

Tambiénestos cambios, que son grandes y extraordinarios, todavía son “solo”transformaciones. Son modificaciones que nos llevan a una vida más bella ydinámica, o más difícil y agotadora. No es casualidad que cuando los relatamossiempre usamos el más y el menos. Decimos que han hecho nuestra existencia másbella, más alegre, apasionante. Es porque todavía estamos haciendocomparaciones entre cosas más o menos similares. Es como si estuviéramosmidiendo las cosas en una escala de valores. La vida antes era alegría 5, ahoraes alegría 7; la salud antes era 9, ahora es 4. ¡Los números cambian, pero nola sustancia de la vida!

Pero lavida nueva del bautismo no es nueva solo en comparación con el pasado, con lavida precedente, con la vida de antes. Nueva no significa reciente, nosignifica que haya habido una modificación, un cambio.

La vida de Dios es comunión y se nos dacomo amistad

La vidanueva de la que habla San Pablo en sus cartas nos recuerda el mandamiento nuevode Jesús (cf. Jn 13,34); nos recuerda el vino nuevo del Reino (cf. Mc 14, 29),el cántico nuevo que los salvados cantan ante el trono de Dios (cf. Ap 5,9):realidades definitivas, diríamos, con una palabra teológica, escatológica.

Así,entendemos que para la vida nueva no es posible hacer comparaciones. ¿Se puedecomparar la vida y la muerte, o la vida antes y después del nacimiento? Cristono se hizo uno de nosotros, no vivió su Pascua de pasión, muerte y resurrecciónpara “mejorar” nuestra vida, para hacerla más bella, más sabrosa, más larga,más intensa, fácil o feliz. Él vino -como nos dijo- para que tengamos vida enabundancia (cf. Jn 10,10).

Esta esla vida nueva, la vida que Dios Padre nos da en el bautismo. Es nueva porque esotra vida comparada con la nuestra, porque es precisamente Suya, es la vidamisma de Dios. ¡Este es el gran regalo que Jesús nos ha dado y que nos da!Participar del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Participar delamor que Ellos tienen por todos los hombres y por toda la creación. ¡La vidanueva es la vida de Dios que nos ha sido dada!

Loscristianos siempre hemos buscado imágenes y símbolos para expresar este doninmenso. Somos muchos, diferentes y, sin embargo, somos uno, somos la Iglesia.Y esta unidad es aquella del amor, que no obliga, no humilla, no nos limita,sino que nos fortalece, nos edifica a todos juntos y nos hace amigos.

Jesústiene una bella expresión en el Evangelio: “Esta es la vida eterna: que teconozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado” (Jn 17,3). Élmismo nos dice que la vida verdadera es el encuentro con Dios; y que elencuentro con Dios es el conocimiento de Dios.

Sabemos,pues, por la Biblia que no se conoce a una persona solo con la cabeza, porqueconocer significa amar. Y esta es la vida de Dios que se nos da: el amor que sehace nuestro, y que poco a poco nos hace crecer, gracias al Espíritu Santo (Rm5,5), e ilumina incluso nuestros pequeñas “gracias, ¿puedo?, perdón” de cadadía.

Aunquelas palabras son inadecuadas, se puede decir que la vida nueva es darse cuentade la pertenencia a Alguien, de pertenecer a Alguien y, en Él, de pertenecer atodos. Pertenecer significa que cada uno es para el otro.

Esto merecuerda lo que dice la esposa del Cantar de los Cantares: “Mi amado es para míy yo soy para mi amado” (Ct 2,16). Es así como el Espíritu Santo día tras díalleva a cumplimiento la oración de Jesús al Padre: “No ruego solo por ellos,sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí: Que todos seanuno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno ennosotros” (Jn 17,20-21).

Una de las imágenes más antiguas -ya utilizada por san Pablo- para expresar esta pertenencia, esta con-vida, es la del cuerpo, cuya Cabeza es Cristo y cuyos miembros somos nosotros “Ahora vosotros sois el cuerpo de Cristo y, cada uno según su parte, sus miembros”, 1Co 12, 27).