Sobre la dirección espiritual desde el punto de vista del director y del dirigido

Sobre la dirección espiritual desde el punto de vista del director y del dirigido

Publicado el 11/11/2019
Equipo Editorial HN


Que quede bien claro que el único director espiritual es el Espíritu Santo porque “el Espíritu da testimonio a mi espíritu” (Rm 8,16), Él es el que santifica y nos “conduce a la verdad plena” (Jn 16).

Por eso el Director Espiritual no es el que te dice lo que tienes que hacer sino el que te ayuda a “traducir” las palabras, mociones, inspiraciones del Espíritu, a discernir si son verdaderamente suyas y a poner los medios para secundarlas.

El Director Espiritual tiene que entrar en las almas como Moisés en la zarza -“descálzate porque el terreno que pisas es sagrado”- y respetar la acción y los tiempos de Dios sin imponer sus ideas, su espiritualidad o el ritmo que a él le gustaría.

Como ejerce de simple traductor y facilitador de medios el Director no tiene que ser el super santo cura de Ars capaz de leer los corazones y con no-sé-qué carismas del Espíritu Santo, en general, salvo casos especiales, basta que reúna tres condiciones:

1- Que esté accesible: Un Director que no te pueda ver al menos 30 min al mes en horario fijo no vale por bueno y santo que sea. 

En este sentido desconfío de la dirección espiritual por teléfono, o por mail salvo temporadas concretas -y cortas- cuando sea imposible otros medios

2- Que no sea tonto: Demasiada simpleza en cualquier tema íntimo te expone peligrosamente a recibir el consejo inadecuado y a meter la pata hasta el fondo. Lo dicho es aplicable a sacerdotes, psicólogos, abogados, ginecólogos, terapeutas, etc.

3- Que tenga buena doctrina: Para poder interpretar bien la voluntad de Dios acudiendo a la experiencia de la Iglesia, de los santos, a los conceptos básicos de teología espiritual y poniendo los medios ascéticos adecuados para cada momento y persona.

Se puede añadir que el Director Espiritual debe ser una persona de oración aunque me acuerdo siempre del consejo que daba Sta. Teresa de Jesús a sus monjas a propósito de buscar confesores: Que sean santos y sabios y, si no pueden encontrar las dos cosas al menos que sean sabios.

Vamos ahora a la parte del dirigido: 

Por la parte del dirigido hacen falta también tres cosas:

1- Primero por importancia y porque es lo que más cuesta CONSTANCIA. Esto no es fast food, el que espere “hacerse santo” en 15 min va listo. Hay que ser constantes, firmes, decididos. Con ganas o sin ganas. Si no es imposible. Acordaos del salmo 119 “Detesto a los inconstantes”.

2- Sinceridad: No me refiero a no mentir sino a tener ganas de profundizar. A ir a la raíz de las cosas, a no irse por las ramas. Decir esto es tanto como decir que la dirección espiritual debe prepararse y hay que ir “con los deberes hechos” y apuntando lo que hay que hablar

3- Diálogo con el Espíritu Santo. Si no hay vida interior ni hambre de cumplir su voluntad entonces no hay materia para la dirección espiritual. Si no hay diálogo no hay nada que traducir ni medios que poner porque no se -ni me interesa- por dónde Él me quiere llevar.

Un par de ideas para los actuales o futuros dirigidos: La vida interior es infinita mente más grande que el mundo exterior. Eso explica que una monja de clausura (vida exterior=0) se mantenga profundamente joven de espíritu y con alma de explorador.

Otra idea: La santidad es el mayor tesoro que hay en el mundo. Que nadie se piense que el Enemigo no va a intentar poner la zancadilla de todos los modos posibles: Falta de ganas antes de la dirección, desencuentros con el Director, malentendidos, críticas de los de fuera, etc...

El último: Este viaje es el mayor y el más bonito de la vida. Es, también, el más definitivo. No a todos se nos dan las mismas capacidades ni partimos del mismo punto pero la distancia que recorremos, esa distancia, es la medida de nuestro amor a Dios y es lo que Dios ve.

Padre Javier Cervera