La herejía y la ignorancia

La herejía y la ignorancia

Publicado el 28/10/2019
Equipo Editorial HN


Un católico que conoce su fe por haberla estudiado, sabe identificar en seguida los errores teológicos.

Un católico que la conoce de modo confuso, puede aceptar fácilmente errores y herejías, casi sin darse cuenta.

Por eso, uno de los grandes retos en la vida cristiana es el estudio de la propia fe, un estudio que permite superar la ignorancia y entrar en el horizonte maravilloso de las verdades reveladas.

Contamos, para ello, una hermosa tradición de doctrina recogida en los grandes concilios, especialmente en los que han aclarado cuáles sean las verdades (dogmas) y cuáles sean las herejías.

Esa doctrina ha sido luego enseñada por todos aquellos pastores que, a lo largo de los siglos, han vivido a fondo su unión con Cristo, su adhesión a la Iglesia y su fidelidad al patrimonio de la fe.

Recientemente, y gracias a un largo trabajo, la doctrina católica quedó recogida en un texto aprobado durante el papado de San Juan Pablo II: el "Catecismo de la Iglesia Católica".

Al publicar ese texto, en 1992, el Papa explicaba que el Catecismo "es la exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica, atestiguadas e iluminadas por la sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio de la Iglesia" (Constitución apostólica Fidei depositum).

Además, el Papa declaraba que el Catecismo era "regla segura para la enseñanza de la fe" y también "instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial. Dios quiera que sirva para la renovación a la que el Espíritu Santo llama sin cesar a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, en peregrinación a la luz sin sombra del Reino".

Por eso Juan Pablo II pedía "a los pastores de la Iglesia y a los fieles, que reciban este Catecismo con un espíritu de comunión y lo utilicen constantemente cuando realizan su misión de anunciar la fe y llamar a la vida evangélica. Este Catecismo les es dado para que les sirva de texto de referencia seguro y auténtico para la enseñanza de la doctrina católica".

Frente a los lobos que en nuestros días, como en tantos otros momentos de la historia, asaltan el rebaño de Cristo y buscan destruir la unidad católica con herejías y engaños de todo tipo, los católicos tenemos siempre la posibilidad de defendernos con un buen estudio de nuestra fe.

En ese sentido, el "Catecismo de la Iglesia Católica" sigue siendo una guía segura, porque conocer bien la fe recibida gracias a Cristo es el mejor camino para vivir la comunión eclesial y para renovarnos, como decía Juan Pablo II en el texto apenas citado.

Las herejías seguirán creciendo allí donde los divulgadores de errores convenzan a quienes viven en la ignorancia religiosa. En cambio, esas herejías quedarán aisladas, incluso vencidas, cuando el buen conocimiento de la fe haga de cada católico un verdadero hijo de la luz y miembro vivo del Cuerpo de Cristo.