Ciclo Liturgico A - San Mateo el Evangelista del año

Ciclo Liturgico A - San Mateo el Evangelista del año

Publicado el 30/11/2019
Equipo Editorial HN


Cada uno de los tres años o ciclos en que se ha organizado el actual Leccionario dominical, leemos a uno de los evangelistas sinópticos (a Juan lo leemos cada año en los tiempos fuertes). En los domingos de este año A proclamamos en una lectura semicontinuada el evangelio de san Mateo.

Este evangelio, aunque no es el primer escrito del Nuevo Testamento (algunas cartas de Pablo son anteriores), ni siquiera el primer evangelio (seguramente el de Marcos es anterior), desde muy antiguo ha sido considerado como el evangelio más completo y comentado y se puede decir que es el que ha ejercido mayor influencia, sobre todo en la teología eclesial.

Cada evangelista da un color distinto al relato que hace de las obras y los dichos de Jesús, desde su infancia o aparición en la vida pública hasta su muerte y resurrección. Mateo depende mucho de Marcos y Lucas, pero da a su escrito una personalidad propia. Como es imposible leer todo un evangelio en los domingos de un año, se han seleccionado, en el Leccionario del ciclo A, aquellos pasajes que son más propios de Mateo, y que no se repiten en otros evangelistas.

a) Mateo se distingue porque en su evangelio abundan más las palabras que los hechos, aunque también leemos algunos de sus milagros. O sea, da importancia a la enseñanza de Jesús.
Estos dichos de Jesús los organiza Mateo en cinco grandes "discursos", que agrupan temáticamente las enseñanzas del Maestro. Cada uno de estos discursos o sermones acaba en Mateo Con la fórmula: "cuando Jesús terminó estas palabras...":
el sermón de la montaña o carta magna del Reino (ce. 5-7),
el discurso de la misión, con las recomendaciones a los mensajeros del Reino (c. 10),
las parábolas del Reino (c. 13), la exhortación sobre la vida de la comunidad, sobre todo para sus dirigentes (c. 19),
el discurso escatológico: con la exhortación a la vigilancia mientras el Reino actual nos prepara para el futuro (ce. 24-25).

b) También se puede ver cómo todo el evangelio de Mateo está como enmarcado por dos grandes afirmaciones o confesiones cristológicas: él es "el Dios con nosotros" (1,23), el Señor resucitado que afirma: "yo estoy con vosotros" (28,20). El Dios-con-nosotros, el Hijo de Dios, predica e inaugura el Reino de Dios y envía a sus discípulos a predicar y hacer crecer este Reino, y les promete su presencia y su ayuda en esa misión.

c) Otra característica de Mateo son las abundantes citas delAntiguo Testamento, bastantes de las cuales no se encuentran en los otros evangelios. La razón de ser de esta insistencia es que Mateo quiere demostrar una y otra vez que Jesús cumple las promesas del AT, como el Mesías anunciado por los profetas: "esto sucedió para que se cumpliera lo que estaba escrito...". Jerusalén ha sido ya destruida, seguramente, cuando escribe Mateo, pero él quiere presentar la nueva etapa de la historia que se ha iniciado en Jesús, y que ahora es la Iglesia la que se establece en el mundo como el nuevo Israel. Se podría decir que el hilo conductor de Mateo es "Jesús, Mesías de Israel y Señor de la Iglesia".

d) Mateo habla de la Iglesia más que ningún otro evangelista. La Iglesia es el nuevo Israel, el nuevo pueblo de Dios. Desde los primeros siglos fue considerado el de Mateo como el "evangelio de la Iglesia" o "el evangelio del Reino". El Reino de Dios que Jesús anuncia, que será definitivo en la escatología, ya ha empezado aquí abajo: en la Iglesia, al menos como proyecto y programa que se ha inaugurado en Jesús y que seguirá creciendo y madurando hasta el final de los tiempos. Dentro de ella tiene particular relieve en este evangelio la figura de Pedro. Pero es el Señor Jesús, el Resucitado, el que está siempre presente a su comunidad como su Señor y su Maestro. Mateo narra los hechos históricos pensando en la comunidad que le escucha y le lee ahora, la comunidad pospascual.

e) Mateo tiene pasajes muy propios, como la genealogía de Jesús (c. 1), los relatos de su infancia, con un protagonismo notorio de José y las escenas de los magos y los inocentes (ce. 1-2), algunas de las parábolas, el primado de Pedro (c. 16), la escenificación del juicio final (c. 25) y la fórmula trinitaria del bautismo (c. 28) etc.