Todo pasa por algo

Todo pasa por algo

Publicado el 04/05/2020
Equipo Editorial HN


En estos tiempos de aparente incertidumbre ante la contingencia sanitaria que se vive en todo el mundo, en el corazón del hombre pueden surgir legítimos cuestionamientos del por qué ocurren eventos de este tipo, mismos que si no se reflexionan con una perspectiva de fe, terminan provocando desesperanza y frustración en la humanidad.

Por ello, meditar acerca de lo bueno o malo que pasa en nuestras vidas a través de los ojos con los que Dios nos mira, ayuda a calmar el alma cuando todo pasa por algo.

En primer lugar, para intentar comprender la acción de Dios en nuestras vidas, en necesario reconocernos como “creaturas" limitadas por nuestra propia condición humana, la cual goza o padece de una inteligencia finita, misma que por más que se esfuerce en entender la mente de su Creador, le será imposible puesto que su naturaleza es distinta y mucho mayor; razón por la que recurrir a - un salto de “fe” - ante aquello que somos incapaces de conocer con nuestros ojos, parece ser la opción más sensata para continuar.

En segundo lugar, ayuda mucho el ejercitar la relación de amistad con Dios a través de la figura del hijo y el Padre. Tratar de acercarnos en la oración y el diálogo mental como un auténtico niño; inocente, confiado y sin ninguna preocupación porque se sabe protegido por sus padres que velan por él. Así Dios se hace presente, nos cuida de todo tropiezo que nos lastime o de cualquier camino que nos lleve al barranco, sin embargo, eso como niños que somos, no logramos verlo, no lo entendemos. Ninguna madre deja que su hijo juegue con las tijeras, aunque este haga berrinche, pues ella solo anhela verlo sano y sin peligro.

El Padre Jorge Loring S.J., reflexiona en uno de sus populares videos, sobre la humildad que debemos ejercitar para reconocer que “Dios sabe más que nosotros”, y que cuando le pedimos algo y así no sucede, es porque Dios como buen Padre, sabe lo que es mejor, por lo que tener una actitud de confianza en su voluntad, es la mayor ganancia, “hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace”, es la frase que toma de San José María Rubio, para explicar la tranquilidad que se obtiene cuando depositamos todo en Él, no empeñándonos en imponer lo que en ocasiones pensamos que es mejor.

La confianza debe partir de una fe a ciegas, sincera y de abandono total en el misterio del plan divino, conscientes de que a Dios no le somos indiferentes, que nos acompaña en todo momento y que solo busca nuestro mayor bienestar; “la salvación eterna”. Por lo que su intervención en nuestras vidas, será de diversas maneras; una palabra de aliento, una crisis, un ascenso, el beso de una madre, un pensamiento, el nacimiento de un hijo, una enfermedad, etc., a sabiendas de que tal vez nunca logremos entender “el por qué” o las “razones”, pero con la certeza de que todo fue por y para algo mejor, agradeciendo por todo aquello que nos da y lo que no nos da.

En tercer y último lugar, no dejar de tener esperanza y orar. El Padre Pío de Pietrelcina decía, “reza, espera y no te preocupes, la preocupación es inútil, Dios es misericordioso y escuchará tu oración” - porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre (Mt 7,8), - Dios pone casi todo, tu pones casi nada, pero Dios no pone su casi todo, si tu no pones tu casi nada, así obra la Divina Providencia.

“Abrazar al Señor, para abrazar la Esperanza” (Papa Francisco, Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia, 27 de marzo de 2020).