Evangelio del Día, Lunes 4 de noviembre de 2019 - Invita a Jesús a comer en tu casa

Evangelio del Día, Lunes 4 de noviembre de 2019 - Invita a Jesús a comer en tu casa

Escrito el 04/11/2019
Equipo Editorial HN


San Carlos Borromeo, obispo

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
 
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, me invitaste a venir y aquí me tienes. Gracias por quererme tanto que hasta te inventaste este momento para estar juntos. Tú me conoces, dame lo que mi corazón desea y necesita. Haz que hoy muchos puedan sentir tu cariño en mi cariño. María, ven conmigo, hazme compañía.
 
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 14, 12-14
En aquel tiempo, Jesús dijo al jefe de los fariseos que lo había invitado a comer:
“Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. 
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.
 Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio 
 
 
Vienen tus amigos, parientes, familia. Comienza la fiesta. El ambiente no puede ser mejor, y la comida, eso ni se diga. Éxito rotundo. De pronto Jesús pide hablar para todos. Se forma un silencio, todos lo miramos. Él te llama por nombre. ¿Qué sientes cuando lo oyes? Jesús continúa: Cuando des una comida o una cena, no invites a amigos, ni a tus hermanos. Escucha lo que dice, si quieres interrúmpelo. ¿Cómo reaccionas cuando Jesús habla? ¿Qué sientes? Le puedes mostrar a Jesús qué te pasa. No temas, Él no te condena - te escucha. - Tampoco te quiere infeliz. ¡Al contrario! Si bajó del cielo fue para sanarte. Dile lo que quieras sin pena ninguna, que Él ya te conoce y Él así te ama. Por ti está en la cruz, confesión, Comunión… Cuéntale a Jesús qué deseos surgen de tu corazón. ¿Qué quieres? ¿Qué buscas?
 
 
«La primera parábola se dirige al invitado a un banquete, y le exhorta a no ponerse en primer lugar, “no sea —dice— que haya sido convidado otro más distinguido que tú y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: “deja el sitio a este” y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto”. En cambio, Jesús nos enseña a tener una actitud opuesta: “Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga:  Amigo, sube más arriba”. Por lo tanto, no debemos buscar por nuestra propia iniciativa la atención y consideración de los demás, sino más bien dejar que otros nos la presten. Jesús siempre nos muestra el camino de la humildad —¡debemos aprender el camino de la humildad! — porque es el más auténtico, lo que también nos permite tener relaciones auténticas. Verdadera humildad, no falsa humildad.»
(Angelus de S.S. Francisco, 1 de septiembre de 2019).
 
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
 
Señor Jesús, tú conoces mi corazón mejor que yo mismo. Hoy se han movido algunas cosas en mi corazón, otras han salido a flote. ¿Cómo me miras en este momento? Haz que sienta tu mirada y que escuche lo que me quieres decir hoy. Sana mis heridas y dame la nueva vida que viniste a traer. Da hoy en mí esa vida nueva a muchos de mis hermanos y hermanas.
 
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación. 
 
Hoy voy a visitar a Jesús en la Eucaristía y agradecerle por las personas que me han amado como soy. Si lo necesito voy a buscar una oportunidad de confesarme.  
 
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
     Amén.
 
     ¡Cristo, Rey nuestro!
     ¡Venga tu Reino!
    
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
     Ruega por nosotros.
 
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.