Primer Domingo de Adviento

Primer Domingo de Adviento

Escrito el 01/12/2019
Equipo Editorial HN


VIGILAD, VELAD, MIRAD

En el primer domingo de Adviento, la Palabra nos invita a despertar, a dejar las obras de las tinieblas, a revestirnos con las obras de la luz. «Ya es hora de despertaros del sueño» (Romanos 13,11). «Estad en vela» (Mateo 24,42). «Mirad, vigilad, velad» (Marcos 13,33.35). «Mirad» (Jeremías 33,14). «Estad siempre despiertos» (Lucas 21,36). Nos fijamos, especialmente, en tres llamadas: «Vigilad, velad, mirad».

VIGILAD

La vigilancia conlleva una actitud de preparación. «Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento» (Marcos 13,33). Y si recurrimos a la forma individual, encontramos ejemplos que se refieren a Dios: «Él vigila todos sus senderos» (Proverbios 5,21). «Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas» (Salmo 126, 1).

Vigilar no es estar plantados mirando al cielo, sin hacer nada, aturdidos o temerosos. «El que vigila el viento no siembra, el que mira a las nubes no siega» (Eclesiástico 11,4). De alguna manera implica fuerza, valor para la posible necesidad de defensa: «¡Monta la guardia en la fortaleza, vigila el camino, cíñete los lomos, refuerza bien tu fuerza!» (Nehemías 2,2).

ESTAD EN VELA. VELAD

La expresión «velad» la encontramos, excepto una vez en el profeta Isaías, únicamente en el Nuevo Testamento; ocho veces en labios de Jesús dicha de manera directa, una en san Pablo y otra en san Pedro. Si valoramos la expresión por quien la pronuncia, descubrimos que la máxima es referente fundamental, aunque en todos los casos es Palabra de Dios.

La llamada a velar aparece en momentos recios e importantes, en espera de que venga «el dueño de casa, vuestro Señor». «Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora» (Mateo 25, 13). «Velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada» (Marcos 13,35). Curiosamente, la Iglesia ora de manera especial al atardecer, vísperas; a media noche, vigilias; al canto del gallo, maitines; al alba, laudes... horas especiales de permanecer en vela. Tiempo de permanecer junto a los que sufren, de ser sensibles a la necesidad de acompañamiento que tienen los más débiles. ¡Cuánta ofrenda hay en los trabajos que implica velar de noche! Jesús dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo» (Mateo 26,38; Marcos 14 ,34).

La llamada a velar está próxima al tiempo de la tentación: «Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil» (Mateo 26,41; Marcos 14,38). De las distintas llamadas a velar se desprenden algunas actitudes necesarias: la firmeza en la fe, la fortaleza, la valentía, la sobriedad. La llamada es para todos, aunque cabe que algunos hayan recibido la vocación de permanecer, de manera especial, atentos y vigilantes en favor de sus hermanos. «Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!» (Marcos 13,37).

MIRAD

La expresión «mirad», tal como aparece en las Escrituras, es más amplia y se aplica a situaciones diversas, pero siempre implica un gesto de atención. No es lo mismo ver que mirar; esta actitud o movimiento supone una percepción más consciente. «Mirad que nadie os engañe» (Marcos 13,5). Hay una relación con algo más inmediato, algo que está a punto de suceder o ya está sucediendo, pero ante lo que hay que permanecer muy atentos, para no ser engañados.

Si observamos la expresión en singular, descubrimos algunos aspectos que nos implican de forma más teologal y afectiva, que supone saberse en la presencia divina: «El Señor mira de lo alto de los cielos, ve a todos los hijos de Adán» (Salmo 33, 13). No solo como vigilante, sino como enamorado: «Escucha, hija, mira y pon atento oído, olvida tu pueblo y la casa de tu padre, y el rey se prendará de tu belleza» (Cantar de los Cantares 2,9-10).

Al comenzar el tiempo preparatorio para las fiestas de Navidad, podríamos plantearnos un proyecto que implicara las actitudes que nos piden los pasajes bíblicos, expresiones orantes hechas vigilia, vela y, sobre todo, actos de contemplación, mientras aguardamos la venida de nuestro Salvador Jesucristo.

LLAMADA A LA CONVERSIÓN

¿Qué debes rectificar, renovar, iniciar, para mantener las actitudes de vigilar, de permanecer en vela y de contemplar?

ORACIÓN

«Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación» (Salmo 84,8).