Primer miércoles de Adviento

Primer miércoles de Adviento

Escrito el 04/12/2019
Equipo Editorial HN


(Isaías 25,6-10a; Salmo 22; Mateo 15,29-37)
«La gente se admiraba al ver hablar a los mudos».
(Mateo 15,31)

LA VOZ
En el desierto, la voz es un acontecimiento porque manifiesta una presencia, aunque no se divise. En Adviento es como un estandarte el texto que anuncia: «Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino al Señor»».

La voz es como el preludio, el anticipo del encuentro con quien es la Palabra. Tener voz es un don, que en el Evangelio manifiesta la liberación del mal espíritu. El Precursor se presenta como voz, y no como Palabra. Esta figura nos conduce a considerar la actitud con la que se debe avanzar en el camino de la espera.

La humildad está vinculada a la experiencia de Dios. Juan el Bautista se sabe voz de la Palabra, eco de quien es la revelación, y no usurpa el puesto.

Se nos invita, por una parte, a escuchar y, por la otra, a hacernos eco, a percibir lo que únicamente se oye en el desierto, y a ser testigo de lo que hemos oído; a purificar todas las voces y grabar el sonido del anuncio esperanzador, porque Dios ha decidido entregarnos su Palabra.

Un signo de discernimiento es reconocer la voz del Pastor. Jesús va a decir: «Mis ovejas escuchan mi voz». El salmista refleja la confianza de quien se siente acompañado por la presencia del que acompaña siempre, aunque se pase por cañadas oscuras.

Lo contrario a la voz es la mudez, que indica no solo la incapacidad para hablar, sino que los mudos son, en general, sordos. La razón de ir al desierto, de guardar silencio, de tener los oídos atentos, no es por exotismo, ni porque gusten las experiencias extraordinarias, sino para agudizar el oído interior y percibir los leves susurros que anuncian la venida del Salvador.

LLAMADA A LA CONVERSIÓN
¿Oyes algo dentro de ti como gemido constante, que se despierta en distintas circunstancias? ¿Qué es lo que con más frecuencia se instala en tu interior como llamada o insinuación? ¿Podrías dar testimonio de alguna llamada, que te acude a la mente y al corazón, cuando haces silencio? ¿Obedeces las insinuaciones del Espíritu?

ORACIÓN
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.