Primer viernes de Adviento

Primer viernes de Adviento

Escrito el 06/12/2019
Equipo Editorial HN


(Isaías 29,17-24; Salmo 26; Mateo 9,27-31)

«Al llegar a la casase se acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: -¿Creéis que puedo hacerlo?
Contestaron:
-Sí, Señor.
Entonces les toco los ojos, diciendo:
-Que os suceda conforme a vuestra fe.
Y se les abrieron los ojos».
(Mateo 9,28-30)

LA FE
El peregrino comienza el sendero de la vida fiado de Dios. La andadura del creyente tiene el apoyo de la confianza que le da saberse acompañado del Buen Pastor. El Adviento hace memoria de los creyentes que confiaron en las promesas y dieron crédito a las profecías.

El relato de la curación de los dos ciegos, en la primera semana del tiempo de preparación para la Navidad, significa a la vez la solicitud humilde de quien pide ver, que en clave bíblica, revela tantas veces el don de la fe, y la experiencia luminosa, aunque sea a tientas, que se instala en el corazón al saber que Dios se compadece de los pequeños y de los humildes. «Los oprimidos volverán a alegrarse con el Señor, y los más pobres gozarán con el Santo de Israel».

La profecía anuncia: «Sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos», y no porque quienes carecen de vista física se curen de su dolencia o discapacidad, sino porque se encenderá en todos la luz de dar fe al plan de Dios de salvar al ser humano.

«Así dice a la casa de Jacob el Señor, que rescató a Abrahán: "Ya no se avergonzará Jacob, ya no se sonrojará su cara, pues, cuando vea mis acciones en medio de él, santificará mi nombre"». María, la madre de Jesús, va a ser exaltada por su fe: «Dichosa tú que has creído».

La fe es un regalo, y ha podido ir consolidándose a lo largo de la historia personal, o quizá ha irrumpido como un destello. Independientemente del momento en el que cada uno nos abrimos a la realidad de Dios, a la percepción de su presencia, es necesario el ejercicio del don para percibir la verdad del anuncio que adelantan las profecías.

LLAMADA A LA CONVERSIÓN
¿Caminas con la certeza de la fe? ¿La pides, al menos, como los ciegos la vista? ¿Puedes llegar a afirmar que en tu camino te asiste la luz interior por la que te atreves a avanzar, aun en la noche de la prueba?

ORACIÓN
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.