Día 22: Parábolas de Jesús - (Lucas 15, Lucas 16)

Día 22: Parábolas de Jesús - (Lucas 15, Lucas 16)

Escrito el 22/09/2019
Equipo Editorial HN


Lucas 15, 1-32

Parábola de la oveja perdida

  1. La oveja perdida
    Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a escuchar.
  2. Los fariseos y los doctores murmuraban:
    — Éste recibe a pecadores y come con ellos.
  3. Él les contestó con la siguiente parábola:
  4. — Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va a buscar la extraviada hasta encontrarla?
  5. Al encontrarla, se la echa a los hombros contento,
  6. se va a casa, llama a amigos y vecinos y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la oveja perdida.
  7. Les digo que, de la misma manera habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesiten arrepentirse.
  8. La moneda perdida
    Si una mujer tiene diez monedas y pierde una, ¿no enciende una lámpara, barre la casa y busca con mucho cuidado hasta encontrarla?
  9. Al encontrarla, llama a las amigas y vecinas y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la moneda perdida.
  10. Les digo que lo mismo se alegrarán los ángeles de Dios por un pecador que se arrepienta.
  11. El hijo pródigo
    Añadió:
    — Un hombre tenía dos hijos.
  12. El menor dijo al padre: Padre, dame la parte de la fortuna que me corresponde. Él les repartió los bienes.
  13. A los pocos días el hijo menor reunió todo y emigró a un país lejano, donde derrochó su fortuna viviendo una vida desordenada.
  14. Cuando gastó todo, sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad.
  15. Fue y se puso al servicio de un hacendado del país, el cual lo envió a sus campos a cuidar cerdos.
  16. Deseaba llenarse el estómago de las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
  17. Entonces recapacitando pensó: A cuántos jornaleros de mi padre les sobra el pan mientras yo me muero de hambre.
  18. Me pondré en camino a casa de mi padre y le diré: He pecado contra Dios y te he ofendido;
  19. ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros.
  20. Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó.
  21. El hijo le dijo:
    — Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco llamarme hijo tuyo.
  22. Pero el padre dijo a sus sirvientes:
    — Enseguida, traigan el mejor vestido y vístanlo; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
  23. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Celebremos un banquete.
  24. Porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado. Y empezaron la fiesta.
  25. El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y danzas
  26. y llamó a uno de los sirvientes para informarse de lo que pasaba.
  27. Le contestó:
    — Es que ha regresado tu hermano y tu padre ha matado el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo.
  28. Irritado, se negaba a entrar.
    Su padre salió a rogarle que entrara.
  29. Pero él le respondió:
    — Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos.
  30. Pero, cuando ha llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado para él el ternero engordado.
  31. Le contestó:
    — Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo.
  32. Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado.

Lucas 16, 1-31

Parábola del administrador sagaz

  1. El administrador astuto
    A los discípulos les decía:
    — Un hombre rico tenía un administrador. Le llegaron quejas de que estaba derrochando sus bienes.
  2. Lo llamó y le dijo:
    — ¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuentas de tu administración, porque ya no podrás seguir en tu puesto.
  3. El administrador pensó: ¿Qué voy a hacer ahora que el dueño me quita mi puesto? Para cavar no tengo fuerzas, pedir limosna me da vergüenza.
  4. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me despidan, alguno me reciba en su casa.
  5. Fue llamando uno por uno a los deudores de su señor y dijo al primero:
    — ¿Cuánto debes a mi señor?
  6. Contestó:
    — Cien barriles de aceite.
    Le dijo:
    — Toma el recibo, siéntate enseguida y escribe cincuenta.
  7. Al segundo le dijo:
    — Y tú, ¿cuánto debes?
    Contestó:
    — Cuarenta toneladas de trigo.
    Le dice:
    — Toma tu recibo y escribe treinta.
  8. El dueño alabó al administrador deshonesto por la astucia con que había actuado.
    Porque los hijos de este mundo son más astutos con sus semejantes que los hijos de la luz.
  9. El uso del dinero
    Y yo les digo que con el dinero sucio se ganen amigos, de modo que, cuando se acabe, ellos los reciban en la morada eterna.
  10. El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho; el que es deshonesto en lo poco, es deshonesto en lo mucho.
  11. Si con el dinero sucio no han sido de confianza, ¿quién les confiará el legítimo?
  12. Si con lo ajeno no han sido de confianza, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes?
  13. Un empleado no puede estar al servicio de dos señores: porque odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y del dinero.
  14. La Ley y la Buena Noticia
    Los fariseos, que eran muy amigos del dinero, oían todo esto y se burlaban de él.
  15. Él les dijo:
    — Ustedes pasan por justos ante los hombres, pero Dios los conoce por dentro. Porque lo que los hombres tienen por grande Dios lo aborrece.
  16. La ley y los profetas duraron hasta Juan. A partir de entonces se anuncia la Buena Noticia del reino de Dios y todos tienen que esforzarse para entrar en él.
  17. Es más fácil que el cielo y tierra dejen de existir que deje de cumplirse una sola letra de la ley.
  18. Quien se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio; quien se casa con una mujer divorciada comete adulterio.
  19. El rico y Lázaro
    Había un hombre rico, que vestía de púrpura y lino y todos los días hacía espléndidos banquetes.
  20. Echado a la puerta del rico había un pobre cubierto de llagas llamado Lázaro,
  21. que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamerle sus heridas.
  22. Murió el pobre y los ángeles lo llevaron junto a Abrahán. Murió también el rico y lo sepultaron.
  23. Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, alzó la vista y divisó a Abrahán y a Lázaro a su lado.
  24. Lo llamó y le dijo:
    — Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua; pues me torturan estas llamas.
  25. Respondió Abrahán:
    — Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro por su parte desgracias. Ahora él es consolado y tú atormentado.
  26. Además, entre ustedes y nosotros se abre un inmenso abismo; de modo que, aunque se quiera, no se puede atravesar desde aquí hasta ustedes ni pasar desde allí hasta nosotros.
  27. Insistió el rico:
    — Entonces, por favor, envíalo a casa de mi padre,
  28. donde tengo cinco hermanos; que les advierta no sea que también ellos vengan a parar a este lugar de tormentos.
  29. Le dice Abrahán:
    — Tienen a Moisés y los profetas: que los escuchen.
  30. Respondió:
    — No, padre Abrahán; si un muerto los visita, se arrepentirán.
  31. Le dijo:
    — Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, aunque un muerto resucite, no le harán caso.

Tomado de la Biblia de Nuestro Pueblo