Segundo domingo de Adviento

Segundo domingo de Adviento

Escrito el 08/12/2019
Equipo Editorial HN


PREPARAD EL CAMINO AL SEÑOR

Este domingo resuena una primera consigna en la voz de quien habita en el desierto: «Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando» (Mateo 3, 1). La consigna es coincidente en los distintos textos litúrgicos: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos» (Lucas 3,4). «Una voz grita en el desierto: preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos» (Marcos 1,3). Estas llamadas del Evangelio son eco de lo anunciado por los profetas: «Allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios» (Isaías 40,3). Es el deseo del pueblo deportado: «Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb» (Salmo 125).

La estancia en el desierto es una opción liberadora de todas las bajas tendencias y obedece a una llamada que invita al trabajo interior con el propio ser, identificado como desierto o páramo. En la misma persona es donde se debe transformar lo escabroso en llano y donde debe darse la nivelación de las colinas y el rellenado de los barrancos para alcanzar la serenidad del corazón. Para este trabajo es necesaria la ascesis, pero a su vez no perder la referencia de que es el mismo Señor quien nos llama al desierto, nos conduce por él y nos acompaña con abastecimiento suficiente para no perecer en la estepa.

La tarea no es solo ascética, ni se concentra únicamente en disponer un terreno más o menos urbanizado y habitable; los ojos están puestos en el horizonte porque viene el Señor. La razón principal es el anuncio de la llegada del Salvador.

CONSIGNA PARA EL CAMINO: LA ALEGRÍA

Una segunda consigna en este tiempo especial es alentar, consolar, llamar a la alegría, porque lo anunciado desde antiguo por los profetas se hace realidad con el nacimiento del Señor. Diversos textos litúrgicos que se proclaman este domingo coinciden en la llamada: «Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios» (Isaías 40, l). «Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria» (Baruc 5,9). «Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector» (Salmo 71, 12) Y «los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares» (Salmo 125,5).
San Pablo se hace eco del espíritu gozoso que debe anidar en el corazón de los que caminan por las sendas del bien hacia el santuario: «Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza» (Romanos 15 ,4). Y llega a expresar él mismo su gozo: «Siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría» (Filipenses 1,4).

Actitud del Adviento es la serena alegría porque el Señor viene; nos la va a enseñar la mejor testigo, la Virgen nazarena, en el cántico del Magníficat. Serán las primeras palabras que escuche María de parte de Dios: «Alégrate». Definitivamente, la humanidad va a ser redimida, sacada de su exilio culpable, y va a ser llevada con cantos de alborozo hacia el santuario, hacia la casa de Dios.

La alegría es una experiencia consoladora interior que puede y suele tener su manifestación externa, pero que se manifiesta sobre todo en la paz del corazón y en un sentimiento profundo de bienestar. No es un optimismo psicológico, ni una euforia excéntrica o una expresividad descontrolada y ruidosa. La alegría del corazón se insinúa en el rostro, se refleja en la mirada, se demuestra en la visión positiva de la realidad, convive con la esperanza, mantiene una interpretación favorable de los acontecimientos, irradia atracción y transmite ánimo, serenidad y confianza.

La alegría cristiana, manifestación de una actitud evangélica, tiene como fuente la bondad del Señor, la revelación positiva de que Dios es Dios de paz, de vida, de amor, y no de aflicción. Él se manifiesta consolador, enjuga las lágrimas de los que lloran e infunde gozo en la conciencia como efecto del bien hacer y de la donación generosa en bien de los otros.

El secreto de la alegría consiste en la desposesión de uno mismo y en la entrega gratuita a los demás. Quienes actúan así superan la inercia atávica del escepticismo y la tendencia pesimista y llegan a constituirse en testigos de la alegría, iconos de la sonrisa de Dios. La alegría se fortalece y se suscita en contacto con los santos, con los amigos de Dios. Ellos son los mejores difusores del don de la alegría espiritual.
María, la madre de Jesús, exultó de gozo en su humillación al saberse escogida por Dios, su Salvador, para ser madre del Hijo amado, y llenó de júbilo al pequeño Juan en el seno de Isabel.

LLAMADA A LA CONVERSIÓN

¿En qué actitud te encuentras, esperanzada o triste? ¿Pasas tus días ocupado en el trabajo que Dios quiere o vives ensimismado? ¿Puedes decir que por tu parte lo escabroso se iguala y lo torcido se endereza, o estás abandonado al desánimo y a la apatía?

ORACIÓN

El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre.