Reflexiones Marianas - Los últimos momentos del pastorcillo de los Alpes (09/12)

Reflexiones Marianas - Los últimos momentos del pastorcillo de los Alpes (09/12)

Escrito el 09/12/2019
Equipo Editorial HN


Francisco Besuco fue el niño que reemplazó a Santo Domingo Savio en el colegio de Turín. Era un campesino muy pobre que cada semana iba al Templo de su pequeño pueblecito de la montaña y de rodillas ante la imagen de la SANTÍSIMA VIRGEN le pedía que le permitiera ir a estudiar al colegio de Don Bosco donde había estudiado Domingo Savio, cuya biografía tanto le encantaba. Y un día mientras rezaba a la VIRGEN le pareció oír una voz que le decía: "Querido hijo Francisco, tu buen deseo será satisfecho". Al día siguiente el Sr. Cura Párroco le traía la alegre noticia de que Don Bosco le concedía la beca en su colegio donde había estudiado Domingo Savio. El gozo de Francisco era inmenso y pocos días después ya estaba allá estudiando con todo su entusiasmo.

Pero un día Francisco cometió la imprudencia de salir acalorado de un salón lleno de gente, a un corredor donde la temperatura era de diez grados bajo cero, adquirió una pulmonía. En pocas horas estaba moribundo.

Corrió Don Bosco junto a la cama del niño agonizante y presenció la escena que él mismo describe así: "Estando junto con un buen grupo de alumnos rodeando el lecho del enfermo, de pronto vimos que se sentó en la cama, abrió los brazos como para saludar a una persona muy importante que llegaba y su rostro se volvió intensamente rojo de tanta emoción.

Enseguida su cara se tornó brillante, resplandeciente como nunca antes había visto un rostro así". Y sonriente y mirando hacia arriba empezó a cantar:" Load a MARÍA - La Reina el Cielo - del hombre consuelo - de DIOS alegría". Trataba de levantarse y ponerse de pie en el lecho como para saludar a Alguien que venía a visitarlo, pero su debilidad no se lo permitió, y cayó otra vez tendido en su lecho de enfermo, y muy emocionado empezó a cantar: "OH JESÚS de amor horno encendido - quien pudiera no haberte ofendido". Nosotros lo mirábamos extasiados y convencidos de que Francisco había recibido en este momento una Gracia extraordinaria de NUESTRO SEÑOR y de su SANTÍSIMA MADRE, de quienes él era tan devoto.

Probablemente NUESTRA SEÑORA vino a invitarlo personalmente para llevárselo al Cielo. El resplandor de su rostro iluminando toda la habitación. Después se calló, cruzó sus manos junto al pecho y el resplandor que tenía su rostro se fue apagando poco a poco hasta no quedar en la habitación sino la luz de las velas que nos rodeaban. Poco después nos dirigió una mirada como de gratitud y de cariño y con esa mirada se despidió y expiró serenamente (San Juan Bosco).