Segundo lunes de Adviento

Segundo lunes de Adviento

Escrito el 09/12/2019
Equipo Editorial HN


(Isaías 35,1-10; Salmo 84; Lucas 5,17-26)
«Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos».
(Mateo 8, 11)

LOS PATRIARCAS, PEREGRINOS DE ESPERANZA
Abraham dio fe a la promesa, abandonó su tierra, su casa y su cultura, porque creyó en el Dios que le llamaba a recorrer un camino desconocido, pero con una promesa de mostrarle una tierra nueva. El relato bíblico que narra la vocación del gran patriarca y padre de la fe, señala que Abraham tenía setenta y cinco años.

Ante el testimonio creyente y la obediencia de Abraham, es difícil que puedas objetar motivos que te impidan iniciar la marcha, o de recomenzarla, hacia aquello que sientes en tu interior como llamada-vocación y que se te insinúa de muchas formas, con la evidencia de acontecimientos y circunstancias que avalan los hechos como providencia.

En todo proceso espiritual, e incluso de maduración humana, se da la exigencia del despojo. El crecimiento de la persona implica desapegos, salidas, opciones de vida que exigen el alejamiento físico del hogar, de la familia, de los amigos.

Hoy puedes comenzar el camino esperanzador que lleva hacia lo que percibes como algo bueno y mejor, y que al recorrerlo, te producirá alegría y tendrá efectos positivos para ti y tu entorno; será un testimonio trascendente de tu modo de conducirte en la vida, movido por la moción del Espíritu y por el discernimiento teologal, que realizas con la Palabra en el deseo de llevar a cabo la voluntad divina.

Los probados y acrisolados en la travesía son testigos de la ayuda del ángel de Dios, de la fuerza que asiste en el combate, de la experiencia de amor que se experimenta en la soledad.

LLAMADA A LA CONVERSIÓN
¡No dudes! Hoy es un día providente para levantarte y comenzar el camino que Dios te muestra o para seguir por él. Sal de tu tierra, de aquello que te atrapa y te sumerge y te hace perder el horizonte de otra realidad. Obedece la llamada, abriéndote a la forma de vida que se te propone como vocación identificativa. Escucha tu misión. Estás en el mundo con una tarea personal; tú tienes unos dones y posibilidades que ningún otro tiene, tú eres una riqueza única para todos los que te rodean, en todo lugar por donde pases. No eres en este movimiento un aventurero sin meta. Cada paso es una novedad, pero das cada pisada por el camino que se te señala interiormente y se te dan pruebas de que vas correctamente por el sendero adecuado.

ORACIÓN
¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.