Segundo martes de Adviento

Segundo martes de Adviento

Escrito el 10/12/2019
Equipo Editorial HN


(Isaías 40,1-11; Salmo 95, Mateo 18,12-14)
«Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión,• alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén,* álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: "Aquí está vuestro Dios.
Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres"».

(Isaías 40,9-11)

LOS PROFETAS, ANTICIPADORES DEL EVANGELIO
El tiempo de Adviento es privilegiado para comprender hasta qué grado se cumple lo anunciado desde antiguo por los profetas. De la lectura de los textos del Antiguo Testamento, a la luz de los acontecimientos del nacimiento de Jesucristo, se descubre la inspiración divina que contienen los relatos proféticos.
La profecía no se sabe si es verdad mientras no se cumple. A través de Cristo se interpretan los textos sagrados de forma más plena, y a la luz de la Encarnación del Verbo de Dios en las entrañas de una Virgen, adquiere realismo lo anunciado por los profetas.
La profecía mantiene a los creyentes en esperanza. Quienes dan fe a lo anunciado desde antiguo, poseen el secreto que les permite permanecer fieles, como lo hizo el llamado resto de Israel, los pobres y sencillos de corazón.
La profecía resiste a los soberbios y a los que intentan manipular el sentido del mensaje revelado. En cambio, a los humildes los sacia y colma de alegría. Pocos textos como los que se proclaman en el tiempo de Adviento infunden tanta esperanza en el corazón de los que se acercan a ellos con fe.
Acoge hoy la Palabra, que te asegura la ternura de un Dios entrañable, como pastor que guarda su ganado, lo cuida mientras sestea, lo conduce a fuentes tranquilas y a frescos pastizales, lleva en brazos a los corderos y tiene especial cuidado de las madres.
Esperamos la visita de nuestro Dios, que se revela en lo pequeño, humilde y sencillo porque lo puede todo. Siempre me impresiona esta afirmación: la prueba de la omnipotencia divina es que puede hasta no poder. Es decir, puede ser impotencia, mientras que nosotros, que somos débiles, frágiles y menesterosos, intentamos afirmarnos de manera prepotente, vanidosa y engreída.

LLAMADA A LA CONVERSIÓN
¿Cómo te descubres, dejándote cuidar por el Pastor bueno o emancipado? ¿Te da alegría la profecía en la que se anuncia la ternura de Dios, o te quedas indiferente o acaso un tanto especulativo?

ORACIÓN
El Señor es mi Pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace descansar.