Segundo jueves de Adviento

Segundo jueves de Adviento

Escrito el 12/12/2019
Equipo Editorial HN


(Isaías 41,13-20; Salmo 144; Mateo 11,11-15)
«Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista, - aunque el más pequeño en el reino de /os cie/os es más grande que él».
(Mateo 11,11)

EL PRECURSOR, LA VOZ INDICADORA EN EL DESIERTO

Si hay un padre del desierto es, sin duda, Juan Bautista. Él, a la usanza de quienes se retiraban junto a Jericó, forjó allí su vocación precursora y tuvo el don de señalar a Aquel que se manifestó como el Hijo amado, el Cordero de Dios.

Aparece asceta entre el desierto y el oasis. Predica un bautismo de penitencia. Los que lo escuchan han debido dejar la comodidad de sus casas, salir afuera. Es condición para escuchar la voz anunciadora dejar la comodidad, toda instalación pertrechada y defendida. Es necesaria la intemperie para llegar a escuchar la voz en el desierto del corazón.

No es indiferente el lugar donde Juan predica: en la encrucijada, por donde entran los caminos a la tierra de la promesa. Allí el profeta Elías subió al Cielo. Allí Elíseo recibió el manto de su maestro. En Jericó, el lugar más hondo de la tierra, se manifestó el Espíritu de Dios y ungió a Jesús. Desde este punto ascenderá el Nazareno hasta Jerusalén y en el borde del camino dará luz a un ciego, que se convirtió en seguidor fiel.

La salvación se ofrece en la historia personal tantas veces cuando se vive el momento más indefenso. El hombre tiene que salir a recibirla. Debe salir, al menos, de sí mismo y no parapetarse y defenderse en sus razonamientos lógicos. San Agustín decía: «Señor, que el celemín de mis pensamientos no apague la luz de tu sabiduría».

Juan el Bautista es el prototipo de quienes han sido elegidos por Dios para ser mensajeros de la Buena Noticia, para señalar los indicios esperanzadores. «Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: "No temas, yo mismo te auxilio". No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio - oráculo del Señor-, tu redentor es el Santo de Israel. Mira, te convierto en trillo aguzado».

LLAMADA A LA CONVERSIÓN

¿Vives defendido con tus razonamientos lógicos de la posibilidad de la llamada de Dios a ser anunciador de buenas noticias? ¿Te reconoces instalado en tus seguridades, inercias, ideas, formas de pensar? ¿Estás abierto a la novedad que puede venir a través de mediaciones humildes?

ORACIÓN

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey, bendeciré tu nombre por siempre jamás. El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.