Tercer domingo de Adviento

Tercer domingo de Adviento

Escrito el 15/12/2019
Equipo Editorial HN


ESTAD SIEMPRE ALEGRES EN EL SEÑOR; OS LO REPITO, ESTAD ALEGRES

Este domingo toma el sobrenombre «de la alegría», del gozo, porque está próxima la venida del Señor. Todas las lecturas, de los diferentes ciclos, llaman a la exultación. Se alegra la creación entera. «El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa» (Isaías 35, l). Desborda de júbilo el profeta: «Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios» (Isaías 61, 10). «Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén» (Sofonías 3, 14), hasta el extremo de invitar a la mayor exultación. «Gritad jubilosos» (Isaías 12,2). Canta María, la Virgen nazarena: «Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador» (Lucas 1,47). El apóstol recomienda: «Estad siempre alegres» (Primera carta a los Tesalonicenses 5,16). «Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres» (Filipenses 4,4).

Se distingue si la alegría es o no de Dios por el tiempo que permanece en el propio interior. Si solo es percepción inmediata en los momentos favorables, no se puede averiguar si es únicamente reacción natural. Si perdura en cualquier circunstancia, se autentifica el don de lo alto, pues convive con la pobreza, brota de la limpieza de corazón, acompaña al bien hacer, es prueba del seguimiento de la llamada recibida y de la generosidad en la respuesta. Sorprende sobre todo cuando la razón percibe señales de alarma o de preocupación que debieran traducirse en tristeza y no obstante, no se conmueve el interior de la persona creyente. Segura de Aquel en quien ha puesto su confianza, y aun sin elaborar tal razonamiento, percibe la presencia del gozo, de la paz, de la quietud del alma, de la serena actitud que le permite afrontar con mayor entereza y vigor cualquier noticia.

ESPERAD EN EL SEÑOR

Otra llamada que nos hace la Liturgia de este domingo es a la espera esperanzada. «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite. Viene en persona, resarcirá y os salvará» (Isaías 35,6). «Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor» (Santiago 5,7). El Precursor afirma: «En medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí» (Juan 1,27). «Viene el que puede más que yo» (Lucas 3, 16).

La esperanza cristiana no es una estrategia para que suceda lo que se desea, sino la certeza confiada y fundada en la promesa divina. No es la reacción de quien, decepcionado de todo, apuesta por una última posibilidad, sino la actitud creyente de quien sabe que todo se realiza como profecía del Reino de Dios.

La esperanza cristiana no es la respuesta simplista de quien aguarda pasivamente a que le ocurra algo favorable. Es virtud que se fortalece con el ejercicio del don de la fe. No es evasión del presente. Invita a vivir cada momento con amor. No se funda en hipótesis imaginarias, hunde sus raíces en la fidelidad de la Palabra de Dios.

La esperanza cristiana no existe por algo que sucederá, sino que celebra lo que ya ha sucedido, y desde la memoria sagrada, vive el tiempo como promesa de luz. No es una forma de pensar optimista, ni se debe a la euforia del carácter. Se espera contra toda esperanza el encuentro definitivo con quien es la revelación plena del amor de Dios. No es un sentimiento fatalista, sino que goza constantemente en la promesa que viene de parte de Dios.

La esperanza cristiana no es un consuelo barato para tiempos de crisis. Es respuesta comprometida en la adversidad. No se vive a fuerza de brazos, sino en gratitud por este don del Espíritu Santo.

LLAMADA A LA CONVERSIÓN

¿Resuenan en tu interior las palabras proféticas que te invitan a la alegría, o se quedan como expresiones externas que no llegan a afectar tu ánimo? ¿Eres capaz de distinguir que la razón de tu serenidad, gozo y confianza es la Palabra de Dios y su promesa, o esa serenidad depende del éxito en tus tareas o de las noticias favorables?

Con sinceridad: ¿vives esperanzado o escéptico y desengañado? ¿Qué motivos te dan mayor estabilidad de ánimo? ¿Descubres que la fe y la promesa del Señor te estabilizan cuando se precipitan circunstancias difíciles?

ORACIÓN
Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salvación.