Tercer martes de Adviento

Tercer martes de Adviento

Escrito el 17/12/2019
Equipo Editorial HN


(Sofonías 3,1-2.9-13; Salmo 33; Mateo 21 ,28-32)
«Entonces daré a los pueblos labios puros, para que invoquen todos el nombre del Señor, para que le sirvan unánimes. Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor>>.
(Sofonías 3,9.12)

LA RELACIÓN ORANTE DE LOS POBRES

Si hay una actitud necesaria en el tiempo de espera es la de acompañarse con la oración de los labios y del corazón, la recitación de las plegarias y la contemplación amorosa del plan de Dios sobre la humanidad.

El Adviento es tiempo de oración y de súplica, lo testimonian de manera especial los humildes y sencillos. Los textos de hoy aluden a la valoración que hace Dios del corazón humillado. El publicano salió justificado por su oración: «¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!» (Lucas 18,13).

La esperanza y la fe se sostienen con la oración. La oración es respiración de la fe. Hay que orar para vivir, para mantenerse en la serena confianza de que todo sucede para bien, y en cada acontecimiento se encierra la semilla de la bondad divina. Quienes oran aman a Dios; a los que aman a Dios todo les sirve para el bien.

En medio de la sociedad, que parece descreída, permanece un resto orante, contemplativo, que habita en el desierto de los claustros y en el anonimato de las ciudades y son los brazos alzados en favor de todos sus hermanos los hombres, para que no perezcan en la desesperanza, sino que se mantengan siempre abiertos a la novedad de la Buena Noticia.

LLAMADA A LA CONVERSIÓN

¿Eres consciente de que tu fe depende de la oración? ¿Te has dado cuenta de que la esperanza se afianza en la relación con Dios, en la promesa que Él nos hace? ¿Rezas? ¿En qué momentos? ¿Solo en tiempo de necesidad, o mantienes el trato creyente de manera continua?

No te hagas el valiente, los que piensan que son fuertes son débiles, y los que se saben débiles acuden a quien concede el don de fortaleza y resisten las tormentas. ¿Sobre qué edificas tu historia? ¿Puedes decir que sobre la Palabra y la oración?

ORACIÓN
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor. que los humildes lo escuchen y se alegren. Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.