Cuarto domingo de Adviento

Cuarto domingo de Adviento

Escrito el 22/12/2019
Equipo Editorial HN


LA VIRGEN CREYENTE
Los ojos se quedan fijos en la doncella de Nazaret: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús» (Lucas 1,30-31). La escogida por Dios para concebir en su seno al Hijo amado, la mujer creyente, está a punto de dar a luz. «La virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa: "Dios-con-nosotros»» (Isaías 7, 14). Se le pide el consentimiento: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Luca 1,38). María acepta el designio divino. «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!» Se avecinan los días del parto. «Va a entrar el Señor» (Salmo 23), y lo hará sin ruido, en una aldea. «Pero tú, Belén de Efratá, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel» (Miqueas 5,1).

LA OBLACIÓN DE LA VOLUNTAD
Uno de los núcleos de la revelación es que el creyente acepta, libre y obediente, al querer de Dios. Cuando Dios llama no hace injusticia, antes ha dispuesto a la persona elegida, que no podrá excusar el consentimiento con el argumento de que es indigna, pecadora y débil. Moisés alegó la dificultad de su torpeza de boca y de lengua para hablar con Faraón, y el Señor le respondió dándole el auxilio de Aarón. Jeremías manifestó la incapacidad porque era un muchacho. Elías se creyó indigno por tener labios impuros. Amós no comprendía su elección, pues no era de la estirpe de los profetas. En todos los casos el poder divino superó las dificultades humanas. Samuel, aún siendo niño, supo responder: «Señor, aquí estoy». María sacrificó su voluntad y se puso enteramente a disposición del ángel del Señor: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra», como si fuera el eco de la Palabra que llevaba en su seno: «Cuando Cristo entró en el mundo dijo: "Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias". Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad»».

LA FECUNDIDAD DE LA FE
No hay posibilidad mayor de que se realice el plan de Dios que la que se sigue de adherirse a su voluntad con fe. Quien ha hecho todo sin nosotros, no desea culminar la historia de salvación sin nosotros, y nos pide la colaboración creyente. Cuando el ser humano colabora con Dios, alcanza cotas inimaginables en la tarea encomendada, porque para Dios nada hay imposible. Él desea nuestra colaboración y acepta que le expongamos nuestras dificultades, pero si su proyecto abarca nuestra incorporación, no debemos temer. «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra». «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo».

Dar fe a la Palabra es el secreto de la fecundidad. «Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». La fe cristiana se alimenta de la Palabra de Dios y se manifiesta en el ejercicio de la caridad. El creyente sabe iluminar su historia con la luz de la enseñanza de las Sagradas Escrituras, se ajusta al criterio de la voluntad divina, duda de todo lo que no da paz y conduce al encerramiento y a la intrascendencia. Para el cristiano, el mejor itinerario es el camino de la voluntad divina, discernida a la luz de la oración, del acompañamiento espiritual y de la vida sacramental, con el estímulo de los santos, de los creyentes de todos los tiempos, que le muestran no solo la posibilidad de llevar a cabo la vocación recibida, sino el bien que depende de la colaboración generosa con el plan de Dios.

La incorporación al proyecto divino concede la certeza de participar en la obra redentora de Cristo, en la comunión de los santos, de los mejores hijos de la Iglesia, y recibir gratuitamente el don crecido de la gracia.

LLAMADA A LA CONVERSIÓN
¿En qué te ocupas? ¿Puedes responder que estás donde Dios quiere, porque realizas aquello a lo que te han llamado o enviado? ¿Tratas de coincidir con la voluntad de Dios o prefieres llevar a cabo tu propio deseo? ¿Te preguntas alguna vez si el Señor te ha llamado a una misión concreta, con una vocación particular? La forma de vida que has decidido tomar, ¿obedece a la llamada recibida?

ORACIÓN
Infunde, Señor, tu gracia en nosotros, para que los que hemos conocido, por el anuncio del Ángel, la Encarnación de tu Hijo en el seno de María virgen, lleguemos por los méritos de su pasión y de su cruz a la gloria de la resurrección.