Vigilia de Navidad

Vigilia de Navidad

Escrito el 25/12/2019
Equipo Editorial HN


(Isaías 62,1-5; Salmo 88; Hechos de los Apóstoles 13,16-17.22-25; Mateo 1,1-25)

«Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia y su salvación llamee como antorcha.

Serás corona fúlgido en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán Abandonada', ni a tu tierra 'Devastada ; a ti te llamarán Mi favorita', y a tu tierra "Desposada' porque el Señor te prefiere a ti y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó,- la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo».

(Isaías 62,1-5)

EL DESEO CUMPLIDO
Estamos a pocas horas de celebrar la Nochebuena, quizá no tengas tiempo ni para leer hoy esta breve reflexión, pero como regalo de Navidad, la he escrito con mis mejores deseos. «Toda la vida del buen cristiano es un santo deseo. Lo que deseas no lo ves todavía, mas por tu deseo, te haces capaz de ser saciado cuando llegue el momento de la visión» (san Agustín).

«Deseo-Esperanza-Amor-Posesión». Hemos avanzado, durante el tiempo de Adviento, con el fuerte deseo de la Navidad. Si tuviéramos que identificar este tramo del año litúrgico, lo señalaríamos como tiempo de esperanza. El deseo suscita esperanza. A su vez, la esperanza, fruto del deseo, se presenta como pasión, y «isi es una pasión, solo podemos padecerla!». Porque «una esperanza apasionada es una esperanza que duele». Es mejor experimentarla como don que se recibe.

Lo que ardientemente queremos es vivir en plenitud el amor de Dios en medio de las vicisitudes de la vida. Pero este anhelo es inalcanzable. Cuando se posee, ya no se espera. Solo el amor de Dios se experimenta sin sentirse uno poseído y a Él nadie lo puede poseer.

Es fácil que cuando el sueño, el proyecto, el anhelo, el deseo se concretan y se tienen a la mano, se evapore la experiencia gratificante, por la temporalidad o por la distanci entre el afán y el resultado. En el caso del amor divino, la experiencia de Dios siempre mayor nos pone delante de los ojos la conciencia de inutilidad.

LLAMADA A LA CONVERSIÓN
¿Te descubres ensanchando tu corazón por el deseo de recibir a Jesús? ¿Podrías identificar cuál es tu mayor esperanza para esta Navidad? ¿Coincide con lo que Dios puede querer para ti? ¿Te encuentras satisfecho o anhelante; adormecido o en vigilia por el nacimiento del Niño de Belén, Dios con nosotros?

ORACIÓN
«Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca, porque no puedo ir en tu busca, a menos que Tú me enseñes, y no puedo encontrarte si Tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, te desearé buscando, amando te hallaré, y encontrándote, te amaré» (san Anselmo).

Gracias por acompañarnos en estos días de adviento.
Hemos llegado al final de esta serie de reflexiones.