Evangelio del Día, sábado 29 de febrero de 2020 - No necesitan médico los sanos, sino los enfermos

Evangelio del Día, sábado 29 de febrero de 2020 - No necesitan médico los sanos, sino los enfermos

Escrito el 29/02/2020
Equipo Editorial HN


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 27-32

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús:
«¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»
Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

Reflexión del Evangelio de hoy

La búsqueda de Dios pasa por mi hermano

Los hombres y mujeres de hoy nos sentimos a veces tan perdidos como el viejo pueblo de Israel, que desolado y desesperanzado buscaba a Dios intensamente, sin saber qué debía hacer para que el Señor le escuchase y volviera a iluminar su camino.

¿Cuántas veces hablamos, oímos hablar, o sentimos “el silencio de Dios” en nuestras vidas?

El mensaje ayer y hoy es claro y esperanzador: Dios no nos abandona nunca, pero solo nos sentimos llenos de Él cuando somos justos, cuando además de ser solidarios sentimos al otro carne de nuestra carne y actuamos en consecuencia.

Mi querer el bien del otro, del extranjero, del que no posee lo que yo me gané o heredé, del que piensa diferente, es la única medida que indica la calidad de mi relación con Dios. Esa calidad que no tiene mucho que ver con la cantidad y sí con seguir el Plan de Dios en nuestras acciones de cada día.

Estar en comunión con el otro, nos hace sentir de inmediato a Dios a nuestro lado, llenos de energía, con fuerzas para cerrar heridas, y andar por caminos que nos parecían inaccesibles. Cuando descubrimos este mensaje y somos capaces de interiorizarlo y hacerlo vida, la luz ilumina nuestras dudas y nuestro anhelo de salvación se llena de esperanza.  

Una llamada que pide respuesta

En la religión judía solamente los que se consideraban puros, pertenecían por legitimidad al pueblo de Israel y solo ellos podían acceder a la salvación. Quedaban excluidos los hijos ilegítimos, los esclavos, los castrados, los recaudadores de impuestos, los samaritanos, los leprosos....

Jesús, a lo largo de su vida pública, se irá acercando a todos ellos. En esta ocasión le toca a Leví, un publicano, un recaudador de impuestos al servicio del pueblo opresor, despreciado por la sociedad y rebajado a la categoría de ladrón y pecador. Pero Jesús no viene a juzgar sino a dar oportunidades por eso se acerca, y le mira y le dice Sígueme, ven a formar parte de los elegidos. Y Leví se levantó y dejó todo para seguirle.

A Jesús no le importa nada lo que es Leví y celebra, a pesar de las críticas, su respuesta. Ha venido a descubrirnos a un Dios que nos quiere a todos salvados, sin exclusiones de ningún tipo, ni siquiera por nuestros actos. Su misericordia es infinita, lo importante no es lo que hemos sido, sino lo que estamos dispuestos a ser, lo importante es nuestra conversión a una nueva forma de ser y estar en la vida. Y eso, más que producir escándalo, nos tiene que llenar de alegría y también darnos una pista de cómo quiere Dios que actuemos con los demás.

Tener momentos de reflexión es hoy más difícil que nunca y sin embargo cuanto más ruido hay dentro y fuera de nosotros, más necesario es que busquemos espacios de silencio. Hacer un hueco para dejar que la Palabra de Dios resuene y cale en nuestros corazones. Solo en esa íntima escucha podremos sentir la llamada insistente de Dios. Solo así entenderemos que nuestra vocación es una llamada a la plenitud de lo que Dios ha creado y que esto es imposible si no comprendemos que solo SOY cuando me hago uno con el otro, con la naturaleza y con Dios.

Cuando sentimos esa llamada es imposible no dar una respuesta.

¿Tenemos relaciones virtuales o de verdad comprometidas?

Si Dios si es capaz de ver la bondad de mi corazón y me da una y mil oportunidades, ¿me urge a buscarle? ¿Su misericordia me pide misericordia?